Primero repartimos a los lobatos folios, lápices y pinturas, y les explicamos la actividad de una manera sencilla y cercana. Cada uno tuvo que dibujar una flor con cinco o seis pétalos, fomentando así su creatividad desde el primer momento. En cada pétalo, cada lobato dibujó o escribió algo positivo sobre sí mismo, como una cualidad, una habilidad o algo de lo que se sintiera orgulloso. Esta parte de la actividad les ayudó a reflexionar sobre sus propias fortalezas y a ganar confianza en sí mismos, todo ello en un ambiente tranquilo y respetuoso.
Después, cada uno dibujó un sol y, dentro de él, escribió algo por lo que se sintiera agradecido. Surgieron ejemplos muy bonitos y sencillos, como “jugué con un amigo”, “hoy he jugado a un juego que me gusta” o “he pasado tiempo con mi familia”. Este momento permitió a los lobatos expresar sus emociones y valorar las pequeñas cosas del día a día, compartiendo entre todos pensamientos positivos y experiencias personales.
La actividad fue muy bien recibida por todos. Los lobatos se mostraron participativos y entusiasmados durante todo el proceso, disfrutando tanto del dibujo como del momento de reflexión. Sin duda, esta dinámica ayudó a reforzar valores importantes como la convivencia, la autoestima, el agradecimiento y la diversión en grupo, creando un ambiente cercano y muy positivo.